Mostrando entradas con la etiqueta sonrisa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sonrisa. Mostrar todas las entradas

sábado, 5 de enero de 2013

Mágica noche



Salta y embiste pero no es un toro,
ni un dolor que atenaza el corazón,
ni la tristeza que nubla el pensamiento,
de oscuras tonalidades grises.

Salta, dispara y deslumbra,
como las sorpresas inesperadas,
como los cohetes que camino a la luna
dejan un rastro luminoso y brillante.

Salta, alegra, emociona, vibra,
es ilusión y gozo, 
que almacenado en los corazones
despierta alborozado tras un largo año de insomnio.

Shhh, se callado y discreto,
shhh, no corras tanto,
shhh, miran en tu zapato y verás
la huella que dejaron los Reyes Magos en tu vida.


La imagen está tomada de internet y desconozco quién es su autor.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Aprendiendo a caminar



Camino sola,
sin rumbo, pero no perdida.
Sabiendo que un paso lleva a otro.

Camino esperanzada,
hacia dónde me lleve la vida.
Fluyendo encontraré mi senda.

Camino sonriendo,
miro a mi alrededor, sin prisa.
Aprendiendo de la luz y la sombra.

Camino ilusionada,
te busco, ¿me buscas?.
Dejándome sorprender por la vida.

Camino feliz,
siendo mi compañía, soles y estrellas.
¿Te unes a mí, amor?


La imagen está tomada de internet y desconozco quién es el autor.


lunes, 9 de abril de 2012

Más sana que una manzana



No era un encuentro cualquiera. No sentía la respiración, mejor dicho, la alta velocidad a la que palpitaba el corazón, le dejaba sin fuerzas para nada. Los nervios a flor de piel, una sonrisa permanente en la cara, que hacía recordar al trabajo de un tatuador borracho de alegría en un día bueno; las manos retorcían sin cesar lo que quedaba de lo que hacía dos horas había sido una nota de papel. 

La mirada estaba fija en el móvil, hubiera jurado que había sonado veinte veces, pero claro, debía ser sólo en su mente, porque en la pantalla sólo figuraba la foto que se había hecho delante de la palmera enorme que había visto en sus últimas vacaciones. Por qué no llamaba Juan y le salvaba de vivir esa situación

Sí, sin duda, debía de estar delirando. El corazón había sustituido al reloj, con sus latidos se podían poner en hora todos los relojes del mundo. Estaba claro, deliraba y sabía que no era la fiebre. No estaba enferma, siempre había presumido de estar más sana que una manzana. No, los nervios volvían a jugar con ella. No podía concentrarse. Debía estar atenta, se acercaba su turno.

Por fin, llegó el momento esperado. Lo primero que vio fue la bata verde y la mascarilla azul. Escuchó una voz lejana que le decía, después de ver las radiografías de las muelas, sólo hay que desvitalizar una y extraer otra. Para cuando el dentista terminó de hablar, Adela se había quedado dormida de puro agotamiento, o tal vez del miedo que había pasado.


La foto está sacada de internet y desconozco quién es su autor.