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jueves, 28 de junio de 2012

La Rueca del Destino



Moiras que tejéis las idas y venidas
en la rueca de la humanidad.
Hilos invisibles que os llamáis, destino.
Cómo osáis, si quiera, a mirarme a la cara
sabiendo que mi amor, mi vida y mi locura
no escapan a vuestras manos.

He sido esclava de vuestros pensamientos,
hebra torcida en vuestras manos,
una mota de polvo en vuestros enredos.
Miles de años han pasado desde entonces,
cuando atrapada quedé en vuestra telaraña,
ambicionando tener junto a mi, a mi amado.

Lejos queda ya aquella vida,
en ésta, no me busquéis,
a no ser que miréis,
adelante, en la vanguardia, 
donde me hallaréis viviendo mi camino,
sin miedo.

El destino está en mis manos,
soy quién dirige mi vida,
quién desea vivir en paz,
sabiendo,
que nadie más que yo
es la responsable de mi andar en esta vida.


La imagen está sacada de internet y desconozco quién es su autor.

lunes, 30 de abril de 2012

Los cuentos ya no son lo que eran, Cenicienta




Men del blog, A mi manera amanece, es un referente en crear nuevas versiones de cuentos tradicionales. Ha versionado ya varios y siguiendo su iniciativa, he decidido unirme a su idea. Esta vez, el cuento elegido es el de Cenicienta, dentro de la sección " ... los cuentos ya no son lo que eran".

Toda una vida dedicada a los demás, planchando, cosiendo, reparando lo que estaba estropeado o roto, llevando la administración de la casa, le había enseñado a ser una mujer todoterreno. No le asustaban las dificultades, tampoco le gustaban pero tenía claro que no debía huir de ellas.

Decidió ser independiente, valerse por si misma. Los demás, personas cercanas y familia, acaparadores y egoístas, le decían que no podría, que sus sueños, solamente eran fantasía y pura imaginación. El chantaje emocional, no ocasionó ninguna herida, tampoco rencor. Le concedió la importancia que tenía, ninguna.

Le temblaban las piernas, tenía taquicardia y le faltaba el aire para respirar, pero por fin podía ver cumplido uno de sus sueños. Acababa de inaugurar su tienda de ropa, diseñada y confeccionada por ella misma. Un día, recibió la llamada de una prestigiosa revista de moda, solicitando una entrevista. Querían que ocupara la portada, que contara cómo había conseguido convertir su nombre en una marca de renombre, de diseños originales, únicos, realizados con telas recicladas, ecológicas, llenas de retales y zurcidos. Todo un éxito.

Cenicienta, contempló la portada de la revista. En su cara había una sonrisa relajada y tranquila, dirigiéndose a una foto familiar, habló con el corazón y exclamó, "gracias por ayudarme a ser quién soy; sin vosotros, no lo hubiera conseguido jamás. Gracias por ayudarme a ser yo misma". Elevó la copa que tenía en la mano y brindó con ellos.


La imagen está tomada del blog de Men y desconozco quien es su autor.

miércoles, 18 de abril de 2012

Lucha en el campo de batalla



Era una lucha a cuartel. Johannes no veía nada más que a su contrincante, otro caballero con la espada en mano, la armadura llena de barro y con manchas de sangre. No recordaba nada, estaba cansado de luchar. La muerte carecía de valor. Su mente no razonaba, actuaba de manera automática, lances, avances, retiradas y ataques directos al frente. Era un duelo cuerpo a cuerpo. 

No se planteaba ser el perdedor. Espada en alto, lanzaba el ataque contra su contrincante, igualmente agotado, con ganas de vivir y regresar a casa. El choque de las espadas rasgaba el aire con un chirrido metálico. Era todo o nada. Daba igual el nombre de su contrario, conocía de memoria su historia y el motivo de su combate. Sería la misma que la suya, pero ¿cuál era? Su mente había dejado de pensar. Sólo podía luchar, no quedaba otra alternativa.

Apenas quedaba vida en sus ojos; era un autómata agarrotado, extenuado. Las marcas de la guerra se dejaban notar claramente en su cuerpo, en su mirada. Johannes suspiró, cogió aire; se escuchó un grito hondo, profundo y aterrador mientras lanzaba el último ataque contra su rival. La falta de fuerzas le llevó a caer de rodillas. Hundido en el barro intentó recuperar la espada que aún seguía en el cuerpo inerte del enemigo. 

¿Enemigo? Allí no había nadie, no quedaba rastro de ningún cuerpo. Miró a su alrededor. Vacío absoluto, tierra yerma, asolada ¿Contra quién había luchado? Ya no sentía dolor, sólo liberación. Observó su cuerpo tendido en el suelo y entonces vio que sus soldados lloraban su muerte compungidos.


La imagen está sacada de internet y desconozco quién es su autor.