Era una lucha a cuartel. Johannes no veía nada más que a su contrincante, otro caballero con la espada en mano, la armadura llena de barro y con manchas de sangre. No recordaba nada, estaba cansado de luchar. La muerte carecía de valor. Su mente no razonaba, actuaba de manera automática, lances, avances, retiradas y ataques directos al frente. Era un duelo cuerpo a cuerpo.
No se planteaba ser el perdedor. Espada en alto, lanzaba el ataque contra su contrincante, igualmente agotado, con ganas de vivir y regresar a casa. El choque de las espadas rasgaba el aire con un chirrido metálico. Era todo o nada. Daba igual el nombre de su contrario, conocía de memoria su historia y el motivo de su combate. Sería la misma que la suya, pero ¿cuál era? Su mente había dejado de pensar. Sólo podía luchar, no quedaba otra alternativa.
Apenas quedaba vida en sus ojos; era un autómata agarrotado, extenuado. Las marcas de la guerra se dejaban notar claramente en su cuerpo, en su mirada. Johannes suspiró, cogió aire; se escuchó un grito hondo, profundo y aterrador mientras lanzaba el último ataque contra su rival. La falta de fuerzas le llevó a caer de rodillas. Hundido en el barro intentó recuperar la espada que aún seguía en el cuerpo inerte del enemigo.
¿Enemigo? Allí no había nadie, no quedaba rastro de ningún cuerpo. Miró a su alrededor. Vacío absoluto, tierra yerma, asolada ¿Contra quién había luchado? Ya no sentía dolor, sólo liberación. Observó su cuerpo tendido en el suelo y entonces vio que sus soldados lloraban su muerte compungidos.
La imagen está sacada de internet y desconozco quién es su autor.