Cadencia sorda de murmullos acallados,
de sonidos sin eco,
de letanías lejanas.
Amortiguado queda el crujir de las hojas,
tapiz dorado y rojizo,
bajo las pisadas de unas botas.
Ocres, dorados, bermellones,
acompañantes aterciopelados,
en los bosques encantados,
donde imaginar nada cuesta,
conversar con náyades y duendes,
donde sentir en el alma, la caricia de la tierra.
La imagen está tomada de internet y desconozco quién es su autor.





